Adjara, cuyo nombre hace eco de antiguas raíces posiblemente del georgiano 'Ach'ara' o de topónimos más antiguos de la geografía armenia del siglo VII, emerge como la sensual puerta de entrada suroccidental de Georgia, acunada entre las inquietas olas del Mar Negro y el abrazo brumoso del Cáucaso Menor
Wikipedia: Adjara. Esta república autónoma de 2.880 km² se despliega desde las húmedas tierras bajas costeras —donde las lluvias subtropicales empapan la tierra con hasta 4.500 mm anuales en lugares como Mtirala— hasta escarpadas crestas montañosas que se elevan más allá de los 3.000 metros, creando dramáticos contrastes climáticos: inviernos suaves (5-8 °C) y veranos cálidos y lluviosos (22-24 °C) en la costa, mientras las tierras altas se sumergen en un silencio nevado.\n\nLa dramática historia de esta tierra se despliega como un palimpsesto de capas: parte de la antigua Cólquida entre los siglos VII-III a.C., donde los colonos griegos comerciaban y los mitos del Vellocino de Oro echaron raíces; puesto avanzado romano en el siglo II a.C., con Gonio-Apsaros alzándose como centinela del Delta del Chorokhi; dominio bizantino y luego otomano desde 1547, cuando el islam arraigó entre los lugareños que retuvieron ferozmente su lengua e identidad georgianas a través de siglos de coexistencia; anexión rusa en 1878, autonomía soviética en 1921 (la única RSSA basada en la religión), y reintegración tras 1991 después de turbulentas luchas por la autonomía.\n\nReligiosamente, Adjara teje un tapiz de armonía: catedrales ortodoxas se alzan junto a históricas mezquitas de madera en las tierras altas, mientras que la Mezquita Orta Jame de Batumi y las sinagogas son testimonio de siglos de pluralismo entre el 54,5% de georgianos ortodoxos y el 39,8% de georgianos musulmanes suníes (2014)
Revista Caucásica de Ciencias Sociales: Notas Etnográficas sobre Adjara, con tradiciones perdurables de lazos familiares interreligiosos y cementerios compartidos.\n\nCulturalmente, Adjara vibra con ritmos vigorosos: enérgicas danzas folclóricas que combinan saltos acrobáticos con motivos de influencia otomana, cantos polifónicos 'gandalagan' que evocan la vida de los marineros, y artesanías como la intrincada talla de madera en las mezquitas de las tierras altas. Festivales como Selimoba (junio, en honor a Selim Khimshiashvili con conciertos y artesanía) y Kolkhoba (finales de agosto/principios de septiembre, recreando la llegada de los Argonautas en Sarpi) encienden la alegría comunal. La vida cotidiana sigue el pulso de la tierra: pesca costera y cosecha de cítricos en las húmedas tierras bajas, pastoreo en las alturas y cultivo de té entre lluvias estacionales, con festejos otoñales al estilo Rtveli que reúnen a las familias alrededor del vino y el canto.\n\nLa gastronomía seduce con el khachapuri adjario en forma de barca — queso ácido que acuna mantequilla fundida y yema de huevo — el picante kharcho, el delicado satsivi, los jugosos khinkali, y especialidades locales como iakhni (estofado de carne especiado) y achma (pastel de queso en capas), maridados con robustos vinos rosados Chkhaveri de las históricas terrazas de Keda.\n\nMitos y leyendas impregnan el paisaje: Gonio como tumba de Apsaros y lugar de descanso del Apóstol Matías; los puentes arqueados de la Reina Tamar — más de 25 maravillas de piedra como Makhuntseti — construidos por mandato divino o decreto real, con argamasa mezclada con claras de huevo o leche de cabra, desafiando al tiempo; la búsqueda del Vellocino de Oro vinculada a las riquezas de la Cólquida y la extracción de oro con vellones de oveja.\n\nLa diversidad étnica florece en un mosaico pacífico: georgianos adjarios (musulmanes y cristianos), laz, armenios, rusos y griegos coexisten, con su lengua georgiana compartida y sus costumbres tendiendo puentes a través de siglos de cambios imperiales.\n\nLa naturaleza impone admiración: el Jardín Botánico de Batumi, de 108 hectáreas, exhibe más de 5.000 especies de nueve zonas fitogeográficas; el Parque Nacional de Mtirala — selva pluvial cólquica declarada Patrimonio UNESCO — recibe de 2.500 a 4.500 mm de lluvia, albergando boj cólquico relicto, rododendro póntico, osos pardos, corzos y rapaces migratorias a lo largo del cuello de botella de Batumi; los humedales del Delta del Chorokhi rebosan de aves; las cascadas de Makhuntseti y Mirveti rugen al caer en pozas esmeraldas.\n\nEsto es Adjara — no un simple destino, sino una sinfonía viva de mar y cumbre, mito y mosaico, donde cada gota de lluvia y cada piedra susurra resiliencia ancestral, invitándote a recorrer sus senderos esmeraldas, saborear su pan con fuego y rendirte a su abrazo eterno.